ESPACIO EXTERIOR, ESPACIO INTERIOR

Por Melanie Reinhart

Traducción de Manuel J. de la Calle

 

La “Era de Acuario” es una de las 12 Eras Precesionales, cada una de aproximadamente 2150 años de duración, y determinadas por el movimiento retrógrado del punto vernal (0 grados de Aries) a través de las constelaciones del zodíaco sideral. Este desplazamiento gradual está causado por diversos factores astronómicos, pero para nuestro propósito aquí el aspecto más relevante del fenómeno es su simbolismo, pues las civilizaciones dominantes de una Era Precesional se corresponden de un modo asombroso con el simbolismo de la constelación de la Era. Por ejemplo, en la Era de Tauro (aprox. 4000 – 2000 a.C.), diferentes cultos de adoración al toro florecieron, más tarde formalizados en los dioses egipcios Apis y Hathor, y en el Minotauro griego, un monstruo con cabeza de toro. Grandes templos de piedra, pirámides y monumentos megalíticos fueron construidos como representaciones literales de principios cósmicos (Tauro es un signo de tierra). En la Era de Aries (aprox. 2000 – 0 a.C.) los atributos de algunos dioses cambiaron realineándose con el simbolismo de la nueva Era Ariana. Así el persa Mitra, previamente el “Toro Sagrado”, devino “El Matador del Toro”; a la vez que el asirio Ashur, antes el “Gran Toro”, devino un dios marciano de guerra — Aries está regido por Marte.

De este modo este ciclo representa el cambio de un patrón arquetipal o principio universal a otro, el cual expresa el contexto cualitativo dentro del que el desarrollo histórico, cultural y también individual se desplegarán. Aunque nuestra experiencia personal transcurrirá en su mayor parte sin ninguna conciencia directa de este “gran cuadro”, durante una época de transición, como la que vivimos hoy en día, hacer alusión a esta perspectiva más amplia puede que quizás ilumine algunos de los cambios que podemos ver en marcha en el mundo en general. Pues la transición implica la descomposición de estructuras previas, y esta desintegración revela más claramente el proceso subyacente de cambio, como hebras siendo entretejidas en un telar. Antes de explorar los temas de Acuario y su signo opuesto Leo, centrémonos en el signo de Piscis, regido por Neptuno, y en su signo opuesto Virgo, regido por Mercurio.

Durante la Era de Piscis, que empezó alrededor de los tiempos del nacimiento de Cristo, la religión dominante ha sido el cristianismo, en el cual abunda el simbolismo del pez; los primeros discípulos de Jesús fueron pescadores, llamados por él a ser “pescadores de hombres”, y los primeros cristianos se identificaban los unos a los otros mediante el símbolo del pez. El Dios compasivo que amaba tanto al mundo que envió a su único Hijo para redimirlo expresa los principios del planeta Neptuno, el significado sentido del Uno Detrás de los Muchos. Podemos quizás ver en el monoteísmo del cristianismo (y del Islam) un intento de honrar esto de una manera literal.

Piscis también ilustra las distorsiones que inevitablemente se desarrollaron a medida que el influjo original de energía era institucionalizado en una religión formal. Piscis es un signo dual, y puede demostrar su ambivalencia sobre el estar encarnado mediante el abuso del alcohol o de drogas y la experiencia extática indiscriminada: escapismo. Esta misma ambivalencia encontró expresión en el cristianismo (y en otras religiones importantes) durante la era pisciana a través del fomento de la renuncia violenta de “el mundo, la carne y el demonio”, el mal es proyectado en el mundo y el cuerpo, y el Salvador es invocado para que lo rescate a uno de sus iniquidades.

Virgo es un signo de tierra, aquí simbolizando “la Palabra hecha Carne”, en la medida que Mercurio rige la comunicación, especialmente la verbal; interpretaciones dogmáticas y fundamentalistas de la Biblia expresan el lado negativo de las cualidades de Virgo, como lo hace el materialismo científico, que ha florecido durante los últimos siglos. Espíritu (Piscis) y materia (Virgo) fueron separados en opuestos irreconciliables: cuerpo/mente, ciencia/misticismo, etc.

A mediados de la década que va de 1960 a 1970, una poderosa configuración astrológica se encontraba en este eje Virgo/Piscis. Durante 3 años desde Marzo de 1964, Saturno estuvo en Piscis, y desde Febrero de 1965 estuvo en oposición a Urano, o a Plutón, o a ambos, mientras transitaban juntos por Virgo. De vez en cuando, otros planetas de movimiento más rápido entraron en relación con esta configuración, muy notablemente Quirón, que tuvo su única conjunción con Saturno en este siglo en Abril de 1966, subrayando los temas de la herida, la sanación y la transición. Urano trae comprensión y Plutón pide que transformemos nuestra actitud hacia algo o que lo perdamos: de este modo esta configuración anunciaba el reconocimiento naciente de la necesidad urgente de reconciliar esta escisión entre espíritu y materia, entre la humanidad y el ecosistema que la sostiene, si tiene que haber alguna Nueva Era vivida en la Tierra.

Dentro del cristianismo la figura de la Virgen María puede ser asociada con Virgo. Desde el 23 de Junio de 1981 en Medjugorje, en Yugoslavia, un grupo de seis visionarios ha estado diariamente en contacto con la Virgen María como Nuestra Señora de la Paz. Es la más larga serie registrada de tales apariciones, y está previsto que acabe pronto con la prometida aparición de una señal visible. A pesar de atraer a millones de peregrinos, creyentes y escépticos, las visiones tienen todavía que ser refrendadas por el Vaticano, y el tema está generando amargas divisiones dentro de la Iglesia. Excepto el más joven, todos los videntes nacieron bajo la configuración mencionada arriba, un magnífico retrato de su destino como portadores de una visión del espíritu de reconciliación femenino. En esta época, los planetas exteriores Neptuno, Plutón y Quirón formaron una configuración conocida como “Dedo de Dios”. Durante la primera semana de las visiones, Quirón ocupó principalmente el grado 21 de Tauro, para el que el Símbolo Sabiano es “Una paloma blanca volando sobre aguas turbulentas”. La paloma en el cristianismo a menudo simboliza el Espíritu Santo, y así se lo representa en muchos cuadros de la Anunciación.

Los sucesos de Medjugorje quizás simbolicen la visión por antonomasia de la Era de Piscis, abarcando y encarnando las cualidades de Virgo. Así como se dice que la Virgen María fue la Madre física de Cristo en los comienzos de la Era Pisciana, estas visiones produciéndose al final de la Era de Piscis quizás describen la cualidad de la virginidad simbólica, significando completitud psicológica y espiritual, humildad y autosuficiencia. Estas cualidades positivas de Virgo pueden posibilitar que el principio de Cristo nazca en nuestro interior, ofreciendo redención a nivel individual, no a través de ningún salvador histórico o libro sagrado, sino mediante la renuncia interna a la ilusión de que estamos separados de nuestra fuente divina.

Así, las imágenes de dios de la Era de Piscis están ellas mismas en transición, tal y como se refleja en las diferentes controversias que rugen dentro de la Iglesia: la ordenación de las mujeres, la homosexualidad entre el clero, el papel de la Iglesia en la política, el aumento del fundamentalismo, etc. Mucha gente ya no puede por más tiempo encontrar significado o satisfacción espiritual en el dogma (Virgo) y en la fe (Piscis) sin una experiencia personal y un conocimiento espiritual directos (Leo), de manera que están abandonando las formas religiosas tradicionales (Acuario).

Esta búsqueda de experiencia personal de lo divino, a través de una gnosis o de un conocimiento interior del Self, es característicamente leonino (de Leo), y quizás sea el impulso anímico que hay detrás del egocentrismo y la grandiosidad por los cuales Leo es tristemente famoso. En el egoísmo de la “Generación del Yo” quizás estamos presenciando los dolores de parto que acompañan al nacimiento de la Nueva Era. Para mucha gente, pensar demasiado en uno mismo es inicialmente necesario en el camino hacia el reconocimiento del Self como chispa individual de la llama divina que sostiene toda vida — este reconocimiento puede ser visto como una preparación para y contrapunto a el influjo de las energías acuarianas, actualmente manifestándose en poderosas presiones colectivas a nivel político y mental.

Acuario es un signo de aire, regido por Saturno y Urano; opera con fuerza mediante la mente, buscando un diseño unificador de orden superior que incluya y trascienda las partes separadas. Otra poderosa visión acuariana trata sobre un intercambio creativo entre el individuo y el grupo, basado en un sentido interior de la interconexión entre toda vida, que honra las diferencias individuales. Acuario es conocido por sus inquietudes humanitarias, y en efecto recientemente hemos visto un aumento de la conciencia pública y de las acciones respecto a los derechos humanos, la pobreza y otros asuntos.

Sin embargo, el paso desde la fraternidad benévola hasta el conformismo ante la tiranía puede ser alarmantemente corto. Piscis, un signo de agua, resuena con los sentimientos, y si todavía estamos enfrascados en el rechazo de la vida encarnada (Virgo), las energías acuarianas que vienen no pueden ser atenuadas por la compasión, el don de Piscis. Se ha dicho de Acuario que “ama a la humanidad y odia a la gente”, en referencia a la dificultad de aceptar los defectos, debilidades e imperfecciones de la naturaleza humana (¡nuestros y de otros!) cuando se compara con una brillante visión de su potencial. Esto es quizás un “riesgo del oficio” de la Era de Acuario, pero uno que necesita reconocerse, no sea que nos tiranicemos a nosotros mismos y a otros. Ya que en estos tiempos, aquellos cuyo sentido del propio valor (Leo) es poco firme pueden ser especialmente proclives a la participación destructiva en grupos e ideas colectivas (Acuario), sean ellos de persuasión política, psicológica o espiritual.

Históricamente, en la Era Pisciana, la visión neptuniana del Amor y la Unidad fue divulgada mediante conversiones forzadas, persecución y torturas. Si la visión acuariana de la interconexión entre toda vida se manifestara inconscientemente de una manera demasiado literal, el resultado podría ser una tierra yerma, donde el alma individual (Leo) es subsumida a los ideales del grupo (Acuario) — un escenario a lo “1984”, de Orwell. Podemos ver esta tendencia en los enormes cuerpos empresariales que devoran pequeños negocios, en un sistema monetario global que puede chantajear a países enteros intercambiando deuda por decisiones políticas, etc.

Por un lado, recientemente hemos sido testigos de eventos masivos inspiradores tales como Live Aid, Walk for the World, etc.: por otro lado el fundamentalismo religioso, el fascismo y la anarquía están ascendiendo sincronísticamente — expresiones positivas y negativas de los signos de Leo y Acuario. “Pequeño es Bello”, dijo Schumacher, el renombrado ecologista, y sus palabras quizás tengan una relevancia más amplia de lo que sospechó, ya que podemos perder nuestra senda individual en movimientos colectivos que parecen ser positivos, tan fácilmente como en movimientos colectivos que son obviamente negativos.

Martin Luther King tenía a Mercurio en Acuario, lo que testifica su poder como orador de un mensaje relevante para la próxima Era de Acuario. Aunque probablemente pase él a la historia como un reformador político, fue también un líder espiritual que tuvo una visión en la que el valor del alma individual era primordial. En el discurso del que están sacadas la palabras de arriba, él citó a Romanos 12:1 ... “sed transformados por la renovación de vuestra mente”. Él no tenía intención de cambiar el mundo, sino más bien mantuvo el espejo de la eternidad ligado a la vida del individuo, ratificando los orígenes divinos de la humanidad.

 

Publicado por primera vez en la revista Link Up, número 41 – Dic89 – Feb90

© Melanie Reinhart



 

 

 

 

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